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¿Has vivido tiempos difíciles, Debbie?
¡Yo diría que las diez principales situaciones más estresantes de la vida han tocado a mi puerta!Durante diez años, sentí que la vida no podía ser peor. Nuestro hijo de dos años fue atropellado por un carro y sufrió una lesión grave en la cabeza. Nos mudamos con nuestros cuatro hijos pequeños a otro estado. Mi esposo volvió a la universidad. El primer día de clases, él atropelló a un niño con su carro, causándole una lesión grave en la cabeza a ese niño. Fue demasiado para mi esposo y dejó los estudios porque sufrió un colapso emocional y ataques de pánico. Nos enfrentamos con dificultades financieras y bancarrota. Diagnosticaron a otro de nuestros hijos con un tumor óseo. Nuestra hija tuvo una apendectomía urgente. Mi papá murió. Nos mudamos otra vez y empezamos nuevos trabajos. Y lo peor de todo es que en un momento pensé en terminar con mi vida…
¿Qué cambió?
Experimenté una intervención divina cuando Dios me impidió chocar mi carro contra un árbol.
¿De verdad? ¿Qué pasaba?
Yo estaba tan deprimida, asustada, y agobiada. Un día, estaba manejando sola en una calle en el campo de Indiana, y pensé, “Choca contra ese árbol y termínalo todo.” Pero mientras mis ruedas salían del pavimento y entraron a la gravilla, de repente sentí un tirón fuerte en el volante, y me jaló otra vez a la calle. No fui yo… ¡Creo que fue Dios! Yo estaba muy conmovida, pero al mismo tiempo estaba llena de asombro y paz.
Desde entonces me he enfrentado con otros retos. Pero al final de esos diez años de estrés intenso, dejé de preguntar a Dios, ¿Por qué?. En cambio, empecé a practicar el poder de decir gracias a Dios por cualquier cosa que esté viviendo. Realmente estaba agradecida. Cambió mi perspectiva, mis sentimientos cambiaron, y realmente me salvó la vida.
A veces, la vida es difícil. Pasan cosas: la pérdida de un trabajo, una casa, un amigo, o un ser querido; la incapacidad de pagar las cuentas; una traición; una enfermedad o una adicción. Hay cosas serias que pueden desanimarnos o agobiarnos. Los peregrinos que vinieron a América también lo tenían difícil. Se enfrentaron con muchas dificultades al navegar por el vasto océano en búsqueda de una nueva vida en una tierra incierta y salvaje, para además tener que enfrentarse con los retos de sobrevivir allá. ¿Cómo perseveraron y florecieron?
Los peregrinos tuvieron un arma secreta. Fue el poder de decir “gracias.” Comenzaron cada día con agradecimiento a Dios por la vida, libertad, seguridad, y la oportunidad de estar en el nuevo mundo. Sí, hubo muchas cosas que no salieron bien, pero cuando los peregrinos buscaron en su corazón, encontraron aún más por lo cual ser agradecidos. Su actitud de gratitud les dio una fortaleza interna, y Dios les bendijo por enviar a los nativos americanos para proveer comida y ayudarles a sembrar y establecer una nueva vida.
Yo misma uso el arma secreta de la gratitud durante el día, dándole gracias a Dios por todo, sea grande o pequeño: por poder oír, ver, por mis habilidades, mi fe, mi familia, mis amigos, mi comida, el cielo azul – y la lista sigue. ¡Es maravilloso experimentar esa transformación cuando mi mente y mis emociones encuentran esperanza y paz, en vez de enfocarse en los problemas!
El Nuevo Testamento de la Biblia (Filipenses 4:8) nos anima a pensar en lo “verdadero, respetable, justo, puro, amable, y digno de admiración.” Pruébalo. Empieza con tu propia lista de gratitud. Será tu arma secreta contra el desánimo y la desesperación. Sí, funciona, y Dios bendecirá tu vida si lo haces.

