Escucha Ahora
Querida amiga,
No soy artista, ni maestra de arte, ni experta. Pero sí amo la creatividad, el arte y el color. El arte hace que mi corazón sienta cosas que muchas veces no sé expresar con palabras.
Recientemente, mi familia y yo hicimos un viaje de un día por Arkansas y nos encontramos con una enorme estatua de Cristo. Yo, que mido apenas metro y medio, parada al pie de esa figura de 65 pies hecha de concreto y acero, sentí una emoción profunda al percibir su altura — ¡la grandeza de Jesús!
De regreso a casa, me preguntaba si así se sentiría ver la estatua que domina la ciudad de Río de Janeiro, conocida como el Cristo Redentor (la que aparece en la portada de Reach UP). ¡Esa es aún más alta! Está sobre una gran plataforma en la cima de una montaña. En total, mide casi lo mismo que un edificio de 12 pisos. Y esos brazos -extendidos, abiertos, cubriendo toda una ciudad- ¡impresionantes!
A la mañana siguiente, mientras estaba sentada en la iglesia, vino a mi mente este versículo: “Nuestros pecados ha alejado de nosotros, como ha alejado del oriente el occidente”. Salmos 103:12
Una vez escuché a alguien decir: “Si viajas hacia el este, nunca llegas al final del este. Y si viajas hacia el oeste, nunca llegas al final del oeste”. Simplemente sigue y sigue. Me lo imagino como un gato persiguiendo su cola sin jamás alcanzarla.
El día anterior me había impresionado la distancia entre los brazos de la estatua – de una punta a la otra, 65 pies. Luego leí que los brazos del Cristo Redentor son aún más anchos – 92 pies. Eso es lo más ancho que los escultores pudieron hacerlos.
Pero la Biblia nos invita a imaginar algo mucho más grande.
Imagina a Jesús tomando todos tus pecados y errores —cada recaída, cada vez que volviste a la cárcel, cada relación rota, cada “no puedo creer que hice eso”— y lanzándolos “tan lejos como está el oriente del occidente”. No se pueden encontrar. Se han ido.
Ninguna estatua puede mostrar cuán abiertos están realmente los brazos de Jesús para ti. Tampoco puede mostrar hasta dónde llega Su amor y Su perdón. Toda estatua tiene límites de altura y ancho. Pero el amor de Jesús no tiene límites y llega más lejos de lo que podemos ver, contar o medir.
Cuando escuchas hablar de la Pascua y de lo que Jesús hizo en la cruz —o incluso en un día común— tal vez seas muy consciente de tu pasado. Quizás sientes que tu vida ha sido una larga cadena de dolor y arrepentimiento.
Déjame darte una buena noticia: ¡Sus brazos siguen abiertos!
¡Qué maravilla! ¡Qué bendición! Jesús no rechaza a nadie. Ni a la mujer que ha estado encarcelada. Ni a la mujer que ha recaído en el uso de drogas. Ni a la mujer que se siente avergonzada por sus decisiones. Ni a la mujer que, paso a paso y con miedo, está tratando de reconstruir su vida.
Sus brazos están abiertos de par en par para ti.
Tus pecados realmente pueden ser perdonados. Tu pasado realmente puede ser cubierto. No eres demasiado para Él. No estás demasiado lejos. Hoy —justo donde estás, ya sea en un apartamento, un refugio, un programa o detrás de una puerta cerrada— eres invitada a descansar en esos brazos abiertos.
Con mis propios brazos abiertos para ti,

